domingo, 20 de marzo de 2011

Para vivir la Cuaresma

Uno de los caminos que la Iglesia nos propone para vivir más intensamente la Cuaresma, es el de la oración. En este tiempo propicio para la conversión, se nos invita a considerar aún más su valor, reflexionar sobre la calidad de nuestra oración, renovarla y aumentar su frecuencia.
Vale preguntarnos, entonces, qué lugar está ocupando la oración en nuestra vida. Si hoy por hoy, nuestra oración es esporádica o frecuente. Si se limita solo a “pedir” a Dios su asistencia únicamente en casos de necesidad, o si, por el contrario, y de manera constante, también expresa nuestra alabanza agradecida al Señor de la Vida.
Para respondernos a estos interrogantes y otros que pudieran surgir de nuestra reflexión personal y comunitaria, les comparto el siguiente relato:
“Regresaba un campesino a la casa con su carreta, cuando, de repente, se le salió una rueda.
Como llegó la hora de hacer sus oraciones y aún no había superado el problema, el campesino abandonó la reparación de la rueda y se dispuso a rezar. Para su sorpresa, descubrió que había dejado olvidado en su casa el libro de oraciones y, como tenía muy mala memoria, decidió rezar del siguiente modo:
—Señor, como no traje el libro de oraciones, voy a recitar varias veces el alfabeto y tú formas con mis letras las palabras que más te gusten, de modo que te digas a ti mismo las cosas que quieras, cosas que yo sería incapaz de decirte pues soy un hombre torpe y necio—.
Cuando el campesino concluyó, el Señor dijo a uno de los ángeles que lo acompañaban:
—De todas las oraciones que he escuchado hoy, esta ha sido sin duda la mejor, pues ha brotado de un corazón sencillo y sincero—”.


por Jorge A. Blanco
Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO
audiovisuales@san-pablo.com.ar

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