
Comunicador de excepción - Papa Juan Pablo II
1. ¿Cómo pasará a la historia? A pesar de estar muy cerca de nosotros su vuelta a la Casa del padre, ya sus biógrafos y los estudiosos lo han apodado, con justicia, “Karol el Grande”. Pero hay algo que intriga a la gente: con qué faceta se lo irá recordando en el tiempo. Y no será fácil. Pues el papa Wojtyla ha desempeñado uno de los pontificados más largos, ha sido el Papa viajero, el Papa del perdón, de la Nueva Evangelización, de la Juventud, de la promoción de la familia y de la mujer, el Papa de la paz, del acercamiento de “todas” las religiones (Encuentro de Asís, 2002), un incansable difusor del Concilio Vaticano II, el Papa que ha elevado, a los honores de los altares, el mayor número de santos y beatos que cualquier otro papa… Por último, pero no menos importante, ha sido un comunicador de excepción del mensaje de Cristo, ya sea por sus cualidades innatas y preparación específica, ya sea por el fuego interior y la convicción con que llegaba a sus oyentes… Sobre esto queremos detenernos para nuestros interlocutores.
2. Un contacto comunicativo siempre nuevo.- Al poco tiempo de morir, hubo quien escribió que Juan Pablo II ha sido el más grande comunicador de la historia. Es de creerlo, apoyados en lo que conocemos y hemos visto en él. Además de la belleza y urgencia del mensaje, contaba con dos recursos importantes para la capacidad comunicativa: el haber pasado por el teatro; como autor de piezas de relieve y como actor de muy buen nivel. Eso fue fundamental para la seguridad expresiva, el gesto oportuno que lo distinguía de otros pontífices. Al comienzo de su pontificado, principalmente en las “audiencias generales” de los miércoles. No sabemos si fue por los temas escogidos (algo difíciles para el público menudo), o por la dificultad del nuevo idioma que debía utilizar, lo cierto es que, a los pocos minutos, la gente se distraía, hablaba… Los diarios lo hacían notar. Pero cuando, al término de la audiencia, pasaba a saludar a los presentes, se producía un verdadero delirio: todos lo llamaban, querían tocarlo, estrecharles las manos, pedirle la bendición, decirle una palabra… Era el mensaje hecho persona que se comunicaba más allá del discurso oficial. Con el tiempo, su palabra se volvió cálida, incisiva, contagiosa, y la gente lo captó y cambió.
3. Con el paso del tiempo: el “líder”, el público y el mensaje.- Estamos en tiempo de la guerra fría y en mundo huérfano de líderes, se reconoce que es él, Juan Pablo II, el único líder atendible y creíble. Su discurso se hace frecuente y toca todas las categorías humanas –la familia y sus componentes– y los temas candentes del momento: la paz, la guerra, el hambre, la exclusión. Incluso los jefes de estado lo escuchan con atención, lo consultan… Los temas domésticos: la defensa de la familia, la promoción de la mujer, de la infancia y la atención a los ancianos y enfermos lo enfervorizan y se traducen en documentos que cambian situaciones y hacen historia. Pero, entre todo, dos lo apasionan profundamente: la juventud y los comunicadores sociales.
Funda, para los jóvenes, la “Jornada Mundial de la Juventud” (1987), que se celebra en diferentes ciudades de los cinco continentes. Viaja miles de kilómetros, con el fin de participar en ellas. Escoge, con mucho acierto, los temas, todos tomados del Evangelio, y los jóvenes responden masivamente. Es famosa la Jornada Mundial de Paris (1997), que reunió casi dos millones de jóvenes, y en la cual el papa dialogó amistosamente con los presentes sobre los grandes temas actuales. Asimismo, la de Roma, en ocasión del Gran Jubileo del 2000: masiva, imponente, alegre, dialogante. En ellas, no escatima en indicar metas altas, difíciles, sufridas. Con palabras persuasivas propias del líder, clama: “Jóvenes, no tengan miedo de ser los santos del siglo XXI”. La respuesta afirmativa alcanza las proporciones de un trueno… En el 2002, la cita es en la ciudad de Toronto (Canadá), y el Papa aprovecha la oportunidad para recordar a los jóvenes: “Será una nueva ocasión para encontrar a Cristo, dar testimonio de su presencia en la sociedad contemporánea y llegar a ser constructores de la civilización del amor y de la verdad”… Y no terminaríamos nunca de citar aspectos de sus mensajes estimulantes y esperanzadores.
4. Como san Pablo, “apóstol sin fronteras hoy”. Amigos internautas, en una próxima entrega, hablaremos de Juan Pablo II y los comunicadores sociales. Pero ahora, al cerrar, me permito una simple reseña numérica que evidencia, en cifras, la obra comunicacional de este Papa tan singular y tan querido. No hay mejor punto de referencia para esto que el apóstol san Pablo. ¿Qué habría hecho si hubiese vivido hoy y podido utilizar los medios de comunicación al servicio del Evangelio? Seducido por Cristo, escribió 13 cartas, y sus viajes misioneros alcanzaron unos 20.000 km. Juan Pablo II ha realizado lo que san Pablo apenas pudo soñar: 104 viajes pastorales fuera de Italia; 146 en tierra italiana; ha visitado 1022 ciudades; pronunciado 3288 discursos; escrito 14 cartas encíclicas y recorrido 1.247.613 de km. Todo con una sola finalidad: anunciar el Evangelio de salvación a todas las gentes. Las personas de diferentes idiomas y culturas lo percibía sólo con mirarlo. Bien lo graficó un teólogo latinoamericano en la visita de Juan Pablo II a Brasil. “¿Quién recordará, un año más, lo que el Papa nos ha dicho? Pero todos recordaremos su persona. Él nos evangeliza con su sola presencia”. Nada más cierto para Juan Pablo II. Nada más elogioso para un comunicador.
por Benito Spoletini, ssp (Sacerdote de la Sociedad de San Pablo)domingos@arnetbiz.com.ar
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