Gracias, Señor, por el don de la vida y por la posibilidad que das a tantas mujeres de ser madres y llevar vida en su propia vida.
Señor, te pedimos que bendigas a todas las mamás: a las mamás abuelas o bisabuelas, a las mamás jóvenes y las mayores, a las mamás primerizas y las de familia "numerosa", a las mamás que acarician su pancita con esperanza y a las que cada noche se despiertan a dar de mamar.
Señor, te damos gracias por la fuerza y el cariño, no solamente en el parto, sino también en la lucha de cada día.
Señor, hoy te pedimos en especial por las mamás que están solas, que enfrentan el embarazo, el parto y la lucha diaria, sin la compañía y el sostén de un hombre o una familia.
Señor, te damos gracias por tanto cuidado y dedicación de mamá las veces que estuvimos con hambre, pasamos miedo o enfermedad.
Señor, hoy te queremos pedir en especial por las mamás que defienden la vida que llevan adentro, luchando contra el Sida que las destruye y la sociedad que las discrimina. Porque sabemos de tu amor por la vida, te pedimos que las cuides y nos hagas solidarios en su angustia.
Señor, te damos gracias por las mamás que están en este momento embarazadas y que esperan con fe y alegría disfrutar de la vida que pronto estará en sus brazos.
Señor, en este día también queremos pedirte por las niñas mamás.
Pedimos que tu amor que sobrepasa todo entendimiento, se haga cariño y solidaridad en nosotros, para acompañar estas vidas.
Gracias, Señor, por el milagro de la vida. Porque cada vez que una nueva vida llega al mundo sentimos la maravilla de tu amor a la que nos tienes acostumbrados.
Te pedimos, oh Dios, en este día en especial, por las mamás que han perdido a sus hijos. Porque pusieron todo el cariño y la fuerza y no logran comprender por qué el milagro de la vida no les sonríe.
Sí, Señor, en medio de tanta gratitud y alegría por lo que nos has dado, nos atrevemos también a pedirte, con humildad de corazón, por todas las mamás y, en especial, por las que más necesitan de tu presencia.
En nombre del Señor Jesús. Amén
jueves, 13 de octubre de 2011
De profesión: Mamá
Cierto día, Anita fue a renovar su licencia de conducir. Cuando le preguntaron cuál era su profesión, ella dudó, pues no sabía bien cómo llamarla. El funcionario insistió:
—Lo que le pregunto es si tiene un trabajo.
—Claro que tengo un trabajo, soy una mamá.
—Nosotros no consideramos eso un trabajo. Vaya… poner que es dueña de casa —le dijo fríamente el funcionario.
Tiempo después, Marta, una amiga suya, supo de lo ocurrido y se quedó pensando. Hasta que un día ella se encontró en idéntica situación.
La persona que la atendió era una funcionaria de carrera, segura y eficiente. El formulario parecía enorme e interminable. La primera pregunta fue: ¿cuál es su ocupación? Marta pensó un momento y, sin saber bien cómo, respondió:
—Soy Doctora en Desenvolvimiento Infantil.
La funcionaria hizo una pausa y, luego de anotar todo, dijo:
—Puedo preguntarle ¿qué es lo que hace exactamente?
Con mucha calma, Marta respondió:
—Desarrollo un programa a largo plazo, dentro y fuera de casa, soy responsable de un equipo y ya recibí cuatro proyectos. Trabajo en régimen de dedicación exclusiva, y el grado de exigencia es de 14 horas por día, a veces hasta de 24 horas.
A medida que iba describiendo sus responsabilidades, Marta notó un creciente tono de respeto en la voz de la funcionaria, que finalizó el formulario sin hacerle más preguntas. Cuando regresó a su casa, Marta fue recibida por su equipo: una niña de 13 años, una de 7 y otra de 3.
—Mamá, ¿dónde están mis zapatos? Mamá, ¿me ayudas con la tarea? Mamá, el bebé no deja de llorar... Mamá, ¿me puedes ir a buscas a la escuela? Mamá, ¿irás a verme bailar? Mamá, ¿me compras...?
Subiendo la escalera al piso superior de la casa, pudo oír a su más nuevo proyecto: un bebé de seis meses, ensayando un nuevo tono de voz. Marta tomó feliz al bebé en brazos y pensó en la gloria de la maternidad, con sus muchas responsabilidades y horas interminables de dedicación.
En un mundo en el que se da tanta importancia a los títulos y en que se exige siempre mayor especialización en el área profesional, es conveniente convertirse en una especialista en el arte de amar.
Cristian Urzúa Pérez, Historias para crecer como padres, Chile, SAN PABLO, 2010
—Lo que le pregunto es si tiene un trabajo.
—Claro que tengo un trabajo, soy una mamá.
—Nosotros no consideramos eso un trabajo. Vaya… poner que es dueña de casa —le dijo fríamente el funcionario.
Tiempo después, Marta, una amiga suya, supo de lo ocurrido y se quedó pensando. Hasta que un día ella se encontró en idéntica situación.
La persona que la atendió era una funcionaria de carrera, segura y eficiente. El formulario parecía enorme e interminable. La primera pregunta fue: ¿cuál es su ocupación? Marta pensó un momento y, sin saber bien cómo, respondió:
—Soy Doctora en Desenvolvimiento Infantil.
La funcionaria hizo una pausa y, luego de anotar todo, dijo:
—Puedo preguntarle ¿qué es lo que hace exactamente?
Con mucha calma, Marta respondió:
—Desarrollo un programa a largo plazo, dentro y fuera de casa, soy responsable de un equipo y ya recibí cuatro proyectos. Trabajo en régimen de dedicación exclusiva, y el grado de exigencia es de 14 horas por día, a veces hasta de 24 horas.
A medida que iba describiendo sus responsabilidades, Marta notó un creciente tono de respeto en la voz de la funcionaria, que finalizó el formulario sin hacerle más preguntas. Cuando regresó a su casa, Marta fue recibida por su equipo: una niña de 13 años, una de 7 y otra de 3.
—Mamá, ¿dónde están mis zapatos? Mamá, ¿me ayudas con la tarea? Mamá, el bebé no deja de llorar... Mamá, ¿me puedes ir a buscas a la escuela? Mamá, ¿irás a verme bailar? Mamá, ¿me compras...?
Subiendo la escalera al piso superior de la casa, pudo oír a su más nuevo proyecto: un bebé de seis meses, ensayando un nuevo tono de voz. Marta tomó feliz al bebé en brazos y pensó en la gloria de la maternidad, con sus muchas responsabilidades y horas interminables de dedicación.
En un mundo en el que se da tanta importancia a los títulos y en que se exige siempre mayor especialización en el área profesional, es conveniente convertirse en una especialista en el arte de amar.
Cristian Urzúa Pérez, Historias para crecer como padres, Chile, SAN PABLO, 2010
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