lunes, 28 de noviembre de 2011

Vivir el Adviento

Después de celebrar la festividad de Cristo Rey, y a medida que vamos finalizando el año, comenzamos a transitar el tiempo del Adviento. Un período de cuatro semanas que nos conducirá a la Navidad. Por ello, la Iglesia nos invita a estar despiertos y en vigilante y atenta espera de llegada del Salvador.
Posiblemente, nos preguntemos de qué manera hacerlo. O, en todo caso, cómo vivir y a través de qué medios aprovechar al máximo este tiempo tradicionalmente denominado “fuerte”, pero que no siempre sabemos valorar y fructificar en su totalidad. La liturgia, mediante algunos símbolos y signos característicos propios de este tiempo, nos ofrece algunas de estas respuestas y herramientas para comprender, reflexionar y ponernos a trabajar, de manera personal y grupalmente, en la preparación de la venida de Jesús:
Para leer:
Los signos litúrgicos del Adviento
Este es un tiempo muy especial para la Iglesia. La preparación para la Navidad pareciera, incluso, que abarcara también el ambiente que la naturaleza nos regala en estos días: un sol cálido, que acaricia la vegetación fecundándola con una ternura especial, noches serenas que invitan a levantar la mirada, como esperando desde el cielo una palabra silenciosa que susurra en nuestro interior, provocándonos en la intimidad a la esperanza de un mundo nuevo y mejor, aromas de todo tipo que envuelven las calles, plazas y campos surgiendo sin pudor de árboles y plantas florecidas. Todo es fecundidad y, por lo tanto, esperanza de vida.
Una realidad que también cantan los miles de pájaros que en estos días parecen estar de fiesta.
La liturgia se une a este clima y parece expresar, también ella, la alegría en la
espera del Salvador.
Pero, además, la liturgia tiene sus propios signos, particulares y precisos, que
nos ayudan a vivir esta esperanza.
● Los cantos: muchos de ellos son inspirados en textos del Antiguo Testamento
y, especialmente, en algunos salmos. La liturgia nos invita a unirnos al pueblo
que esperaba al Mesías. Es un signo, sin embargo, algo ambiguo, como varios de este tiempo. Porque, por un lado, sabemos que ya ha venido y que está entre nosotros, pero, por otro lado, esperamos un retorno, una venida universal,
gloriosa, a la vez que también celebramos cada venida en nuestras vidas y en la historia. Es por eso que, unidos a la esperanza del antiguo Israel, cantamos
esa espera, pero desde la seguridad de que Dios ha cumplido sus promesas.
• Las vestimentas litúrgicas: el color morado es un signo de espera y de seguridad de que vendrá lo que se espera. Es el color que en el cielo antecede a la alborada. Quien observa el cielo en ese momento sabe que en poco tiempo saldrá el sol. Cristo es "el Sol que viene de lo alto" (Lc 1, 78).
• Las lecturas de la misa: al igual que muchos de los cantos, también están cargadas de esperanza. Textos de los profetas, especialmente de Isaías, nos invitan a esperar a aquel que salvará al pueblo.
• Liturgias penitenciales: no sólo durante la misa, sino también en momentos
especiales fuera de ella, los cristianos preparamos nuestro corazón como un
hogar que ha de recibir la visita más importante de la historia. Es por eso que,
en estos tiempos, que son también, generalmente, de balance del año que termina, observamos, más detenidamente, nuestras opciones, nuestras definiciones y proyectos. En todo esto, encontramos que no siempre hemos vivido conforme al proyecto de Dios. Por eso podemos dedicar un espacio para reconocer con sinceridad nuestros pecados. Sería importante que este gesto también pudiera hacerse en comunidad, pidiendo perdón por los pecados hacia cada uno de sus integrantes, para celebrar una Navidad reconciliada.
• El pesebre: como un signo bien sensible y visible, que nos invita a la oración,
al recogimiento y a la contemplación de la humanidad de Jesús, el cual, desde la pobreza, se ha identificado con el hombre. Necesitamos los signos. Somos hombres y mujeres que nos comunicamos con el cuerpo y los sentidos. Cada gesto, cada detalle, nos pueden ayudar a acercarnos a Dios o a alejarnos de él. Es por eso que debemos prestar atención a este momento.
El Adviento (esperanza del advenimiento del Señor) no puede pasar desapercibido a nuestros sentidos. Por eso mismo, que no pase desapercibido a nuestro corazón.

viernes, 18 de noviembre de 2011

La paz y la vida en calles y rutas depende de todos

20 de noviembre - Día Mundial de las víctimas de tránsito
Cada muerte en el tránsito resulta una explosión con muchos heridos. Son los padres, los hermanos, los amores de quienes se van repentinamente, dejándolos sufrientes y vacíos, pensando cómo seguir viviendo a partir de su ausencia, que alteró sus rutinas, sus relaciones, sus vidas. Algo parecido sucede cuando la víctima no muere pero sobrevive con graves discapacidades y sin poder retomar nunca más la vida tal como la vivía antes del siniestro.
En este día, (dispuesto el 26-10-05 por Naciones Unidas), queremos recordar a las más de 79.000 personas que murieron en la Argentina en accidentes de tránsito en los últimos 10 años, a los más de 140.000 discapacitados permanentes y a los más de 10 millones de fallecidos en todo el mundo. Pero también a sus seres queridos, al menos 474.000 que padecieron el dolor de la pérdida de un ser amado. En nuestro país, ninguna guerra ni catástrofe o desastre natural produjo semejante tragedia.
Pero el mejor homenaje que como sociedad se les puede brindar es hacer lo necesario para que estas muertes evitables no ocurran nunca más.
La ONU lanzó el “Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011/20 solicitando a gobiernos, instituciones intermedias y a toda la sociedad comprometerse en acciones concretas para disminuir significativamente el número de muertos y heridos. Priorizar la vida en las calles y rutas por medio de una planificación de una movilidad sustentable constituye un clamor mundial. En Argentina, más allá de la responsabilidad individual que le cabe a cada uno, y del esfuerzo que viene realizando la asociación Luchemos por la Vida (LxV) desde hace más de 20 años, el Estado tiene una responsabilidad indelegable. Por ello, reiteramos nuestro reclamo:
La seguridad vial debe continuar afirmándose como una cuestión de política de estado; por medio de esfuerzos coordinados y decisiones mancomunadas por las autoridades nacionales, provinciales y municipales responsables del tema. La Agencia Nacional de Seguridad Vial está orientada en este sentido. Sin embargo, más allá de otras medidas pendientes de realización, se necesita en forma urgente que se concreten en todo el país, con coherencia y responsabilidad, para salvar vidas, y sin fines recaudatorios:
- Los controles eficaces en calles y rutas, que aseguren la vigencia práctica de la ley (por ej. controles de velocidades, alcoholemia, cinturones de seguridad y cascos, etc.) y sanciones efectivas a los infractores.
- Que se asegure una adecuada preparación y otorgamiento serio y responsable de las licencias de conducir.
- Que se concrete la educación vial sistemática y continua, en los programas de estudio y en las aulas de escuelas pre-escolares, elementales y medias en todo el país.
- Que se realice una planificación urbana que posibilite el tránsito fluido y ordenado y la masiva protección de todos los usuarios de la vía pública.
- Que todos los funcionarios públicos den un buen ejemplo personal del cumplimiento de las leyes de tránsito (cinturón de seguridad, velocidad, alcohol, estacionamiento, etc.).
Dr. Alberto José Silveira
Presidente de Luchemos por la Vida