Después de celebrar la festividad de Cristo Rey, y a medida que vamos finalizando el año, comenzamos a transitar el tiempo del Adviento. Un período de cuatro semanas que nos conducirá a la Navidad. Por ello, la Iglesia nos invita a estar despiertos y en vigilante y atenta espera de llegada del Salvador.
Posiblemente, nos preguntemos de qué manera hacerlo. O, en todo caso, cómo vivir y a través de qué medios aprovechar al máximo este tiempo tradicionalmente denominado “fuerte”, pero que no siempre sabemos valorar y fructificar en su totalidad. La liturgia, mediante algunos símbolos y signos característicos propios de este tiempo, nos ofrece algunas de estas respuestas y herramientas para comprender, reflexionar y ponernos a trabajar, de manera personal y grupalmente, en la preparación de la venida de Jesús:
Para leer:
Los signos litúrgicos del Adviento
Este es un tiempo muy especial para la Iglesia. La preparación para la Navidad pareciera, incluso, que abarcara también el ambiente que la naturaleza nos regala en estos días: un sol cálido, que acaricia la vegetación fecundándola con una ternura especial, noches serenas que invitan a levantar la mirada, como esperando desde el cielo una palabra silenciosa que susurra en nuestro interior, provocándonos en la intimidad a la esperanza de un mundo nuevo y mejor, aromas de todo tipo que envuelven las calles, plazas y campos surgiendo sin pudor de árboles y plantas florecidas. Todo es fecundidad y, por lo tanto, esperanza de vida.
Una realidad que también cantan los miles de pájaros que en estos días parecen estar de fiesta.
La liturgia se une a este clima y parece expresar, también ella, la alegría en la
espera del Salvador.
Pero, además, la liturgia tiene sus propios signos, particulares y precisos, que
nos ayudan a vivir esta esperanza.
● Los cantos: muchos de ellos son inspirados en textos del Antiguo Testamento
y, especialmente, en algunos salmos. La liturgia nos invita a unirnos al pueblo
que esperaba al Mesías. Es un signo, sin embargo, algo ambiguo, como varios de este tiempo. Porque, por un lado, sabemos que ya ha venido y que está entre nosotros, pero, por otro lado, esperamos un retorno, una venida universal,
gloriosa, a la vez que también celebramos cada venida en nuestras vidas y en la historia. Es por eso que, unidos a la esperanza del antiguo Israel, cantamos
esa espera, pero desde la seguridad de que Dios ha cumplido sus promesas.
• Las vestimentas litúrgicas: el color morado es un signo de espera y de seguridad de que vendrá lo que se espera. Es el color que en el cielo antecede a la alborada. Quien observa el cielo en ese momento sabe que en poco tiempo saldrá el sol. Cristo es "el Sol que viene de lo alto" (Lc 1, 78).
• Las lecturas de la misa: al igual que muchos de los cantos, también están cargadas de esperanza. Textos de los profetas, especialmente de Isaías, nos invitan a esperar a aquel que salvará al pueblo.
• Liturgias penitenciales: no sólo durante la misa, sino también en momentos
especiales fuera de ella, los cristianos preparamos nuestro corazón como un
hogar que ha de recibir la visita más importante de la historia. Es por eso que,
en estos tiempos, que son también, generalmente, de balance del año que termina, observamos, más detenidamente, nuestras opciones, nuestras definiciones y proyectos. En todo esto, encontramos que no siempre hemos vivido conforme al proyecto de Dios. Por eso podemos dedicar un espacio para reconocer con sinceridad nuestros pecados. Sería importante que este gesto también pudiera hacerse en comunidad, pidiendo perdón por los pecados hacia cada uno de sus integrantes, para celebrar una Navidad reconciliada.
• El pesebre: como un signo bien sensible y visible, que nos invita a la oración,
al recogimiento y a la contemplación de la humanidad de Jesús, el cual, desde la pobreza, se ha identificado con el hombre. Necesitamos los signos. Somos hombres y mujeres que nos comunicamos con el cuerpo y los sentidos. Cada gesto, cada detalle, nos pueden ayudar a acercarnos a Dios o a alejarnos de él. Es por eso que debemos prestar atención a este momento.
El Adviento (esperanza del advenimiento del Señor) no puede pasar desapercibido a nuestros sentidos. Por eso mismo, que no pase desapercibido a nuestro corazón.
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